viernes, 18 de agosto de 2017

BONITO NO HA SIDO


Pero se ha ganado. El Biarritz Olympique ha jugado -es un decir-, con sus armas: el balón para los gordos y para el pie del apertura Pierre Bernard que ha inscrito los 24 puntos de su equipo (3 drops y 6 golpes, ha marrado 2 distantes), además los gordos debían ser disciplinados y lo han sido, a pesar de que una gilipollez de Synaeghel les ha costado 3 puntos y una más gorda de Levi les ha dejado en 14 casi toda la 2ª parte, pero el Stade Montois se ha ido del partido en esta 2ª parte, dedicándose a aburrirse detrás del balón, a pegar patadas con los pies en lugar de con la cabeza y a olvidarse de que tienen a Matanavou por alguna banda. En resumen: Bernard ha cumplido su parte del contrato, el partido ha sido un feo espectáculo pero un buen partido para quien ha ganado y para los 10.000 espectadores que prácticamente han llenado Aguilera. Así que Quesada ha descubierto sus cartas, retrocedemos a los tiempos de Lagisquet pero sin Yatchvily y a ver qué pasa.

jueves, 17 de agosto de 2017

CONTRABANDISTAS DEL RUGBY

En 1908 se dice que fue el primer “derby” entre Bayona y Biarritz y esta temporada que comienza, con ambos equipos de rugby en la segunda división, nos vamos a encontrar con dos nuevos encuentros entre los enfrentados vecinos de la misma aglomeración urbana -la eurociudad transfronteriza si contamos, en plan optimista, con los vecinos del sur-. Los dos gallitos, que pretenden el ascenso una vez más, no van a coincidir en sus partidos como locales, así que todos los fines de semana los rugbiers guipuzcoanos pueden alternar entre Jean Dauguer y Aguilera para sus excursiones al norte, siempre que se espabilen en materia de entradas, prácticamente imposibles de conseguir en Baiona, y de atascos, impresentables las comunicaciones actuales que sufrimos.
Mientras el Olympique recibe al Stade Montois, el Aviron viaja a Perpignan en la primera jornada, así que ambos clubes tienen encuentros difíciles “a priori” con serios candidatos también a estar en la lucha por el retorno al Top 14, como comentaban un grupo de comensales en la terraza del establecimiento de Imanol Harinordoquy junto al mercado de Biarritz.
- Prefiero jugar fuera el primer partido y contra un equipo duro -comentaba Aristide Labarthe bajo el resol en la plaza del aragonés nombre de Sobradiel-, así el resultado negativo es más intrascendente y cualquier resultado positivo, por mínimo que sea, es bueno para la continuidad.
- ¿Cómo va la historia de un solo gran club vasco en el futuro? -Interviene Murray que está analizando al trasluz un vaso de dorado vino blanco- ¿Sigue como siempre?
- Tengo ganas de deciros que no es para mañana -Hiruntchiverry lee el Midol en voz alta, traduciendo unas declaraciones precisamente del antiguo n.º 8 de la selección francesa-. Hay un hermoso proyecto en Biarritz, Gonzalo Quesada hace un trabajo súper y veremos lo que eso produce a medio plazo ¿Los Baionatarras? No sé demasiado dónde andan. Esta temporada volvemos a jugar los “derbies” y eso está bien. Pero no me quitaréis la idea de que un estadio de 25.000 personas en Top 14 tendría más ambiente que dos de 10.000 en Pro D2…
- ¡Si ya tienen Anoeta hecho para la fusión! Esperemos que a éste le vaya mejor como tabernero que como camisero -decía Galtzagorri con referencia al patrón del bar- ¿Y dice algo de qué pinta Etcheto quedándose en Baiona, estando Berbizier?
- No se lo preguntan -le precisa Hiruntchiverry-, pero yo creo, es una opinión personal, que Etcheto espera a que Berbizier la líe una vez más también en Baiona y le echen para volver a dirigir el equipo.


- Aquí no ganamos para profetas… - Aristide añade resignado-.

lunes, 14 de agosto de 2017

PRIMER VIERNES DE RUGBY

Hace calor, la humedad costera lo hace más difícilmente soportable, el día ideal para hacer verduras rellenas en el horno para Madame Hiruntchiverry, así que en el apartamento con vistas a ningún sitio de Biarritz los esposos Hiruntchiverry han vaciado calabacines, berenjenas, tomates y patatas, preparado el relleno con cerdo, ternera y jamón, todo bien picado, precalentado el horno, hecho la bechamel y rallado el queso. Y cuando la temperatura del horno ha alcanzado los 180º y la de la vivienda los 34º han metido todo a asar, mientras esperaban a sus invitados, con un par de “Lillets” blancos fríos en las copas.
Aprovechando el puente festivo y pasando por el tradicional atasco de Biriatou, que se ha incorporado al genoma incomparable del pequeño país, a veces se puede llegar hasta Biarritz incluso y con mucha suerte aparcar no muy lejos de una parada de autobús que por un módico precio o gratis conduzca a los intrépidos viajeros al centro de la ciudad balneario, como este lunes hicieron los Marqueses de Altamira.
- Y el viernes un inquietante partido para empezar el ascenso -comenta Imanol Hiruntchiverry, sirviendo el vino blanco licoroso de Burdeos a sus amigos-, contra un equipo de los que siempre, al final, están en las fases finales de ascenso.
- Pero el Stade Montois suele empezar tímidamente la temporada, como reservándose para la parte final -le replica el Marqués, cortando el picante chorizo soriano que ha aportado para abrir boca-, y además fuera de su casa suele bajar mucho en su juego.
- Ya, pero ese juego a la mano, de abrir, de jugar al espectáculo no le va bien al Olympique que con los cambios en el banquillo, ese aterrizaje de un paracaidista que ha hecho Gonzalo Quesada, que tiene que establecer su nuevo estilo, si lo tiene, y, por los fichajes y descartes, no me parece que vaya a pasar de un esquema elemental: la pelota es de los gordos mientras no se demuestre lo contrario ¿Crees que el “pumita” éste va a conseguir cambiar algo?
- Al menos, habla bien: es argentino.


jueves, 10 de agosto de 2017

REBANADA DE VERANO FRANCÉS

- Es un bonito pueblo francés, un pueblo de ésos que sólo existen para que pase el Tour por él y dar una bonita imagen en la televisión con sus casas alineadas, su gran iglesia desproporcionada y una casa señorial en ruinas junto a un estanque. Acabada la retransmisión de la hora de nuestra siesta, el pueblo vuelve al coma del que ha salido durante el fugaz paso del pelotón. En medio de ninguna parte, esto es, de inmensos maizales regados por monstruos oxidados de metal que giran escupiendo una cortinilla de gotas, quienes están censados en el pueblo, llamarlos habitantes es una exageración, salen temprano por la mañana para ir a trabajar por una retorcida carreterilla en su peugeot hasta la modesta villa que hace de capital de la región y van regresando a la tarde para encerrarse en sus casas, después de cortar el césped del jardín y abonar las flores que nadie ve durante trescientos sesenta y cuatro días del año, hasta que el “bonjour” del día siguiente les despierte. Antes de internet, el paso diario del cartero era la señal de que el pueblo respiraba, hoy en día ni eso, incluso los fines de semana sus calles están limpias y vacías, las compras se hacen en un centro comercial de las afueras de la cabecera de la comarca.
Así era el pueblo de mi amante de hace unos años, Françoise Chabrol. La conocí en la caja de una franquicia cultural que ocupaba, y ocupa, un buen local comercial del centro de… quizá de Pau, quizá de Albi -la memoria se vuelve confusa con la edad-. Sus ojos oscuros y vivos en un rostro de belleza andaluza me sedujeron inmediatamente, sería injusto decir que doblaba en edad a las demás empleadas de la caja pero casi, además de intentar pagar con la tarjeta de crédito que nunca funciona en Francia le hice un primer comentario rutinario que provocó su sonrisa y su respuesta, luego arranqué el diálogo -no había muchos clientes a la hora española del almuerzo-, hasta quedar para un rato más tarde en el bistró más próximo. A base de compras culturales y de cafés “noisette” fuimos intimando en un acelerado idilio -tendríamos ambos por entonces los cuarenta o más-, que nos condujo a algún restaurante con habitaciones arriba o un hotelito con restaurante abajo, no me acuerdo muy bien.
Su biografía seguía el guión de esa película francesa de la que se ruedan tres o cuatro versiones al año y que, cambiándole el título, la podemos ver en algún ciclo del canal “Arte” cuando se nos agarrotan los dedos de tanto zapping. Casada adolescente y embarazada, después de hacerle un hijo más, su marido, conocido jugador de rugby local, se había buscado un trabajo que le permitiera seguir jugando por la vida mientras los hijos se iban incorporando al equipo. Una vez los chavales partidos también del nido, la vida le abrió los ojos a Françoise Chabrol, se buscó un divorcio malo y un trabajo peor, pero la independencia tiene siempre un precio.

Esto de la independencia despertaba algo en mi cerebro de macho español a veces, pasados los primeros años de pasión y orgasmos descubiertos. Había días en que me preguntaba: qué hago yo aquí, cortando el césped, abonando estas putas flores, yendo a hacer la compra a más allá del enésimo pino -además de maíz hay mucho pino por aquí-, haciendo teletrabajo en esta topera, mientras mi señora deslumbra con sus ojos a cualquier jugador de rugby que haya ido a comprar un videojuego y luego a la tarde, cuando ella regresaba, y el whisky o el pastis de aperitivo habían sustituido para siempre a las caricias del preludio amoroso, tenía la sensación de que estaba pasando mi vida avanzando dentro de un túnel inacabable, donde la única luz que se veía al fondo era el espejismo de que la etapa del Tour iba a pasar por delante de la puerta...